Cada cierto tiempo aparece alguien que anuncia que las aplicaciones nativas están muertas. Que las Progressive Web Apps —las PWA, esas páginas web que se instalan en el teléfono y se comportan «casi» como una app— van a reemplazarlas. Que el futuro es web. Que para qué construir algo para iOS y Android por separado si puedes hacer una sola cosa que funcione en todo.
Y cada cierto tiempo, la realidad le responde con cierta paciencia.
Las PWA son buenas. Han mejorado muchísimo en los últimos años. Pero hay razones concretas por las que las apps nativas siguen siendo la elección correcta en muchos contextos, y entenderlas te ayuda a tomar mejores decisiones.
Acceso a hardware: ahí está la diferencia más clara
Una app nativa puede usar el teléfono de verdad. Cámara con control fino del enfoque y la exposición, sensores de movimiento, Bluetooth, NFC, GPS con funcionamiento en segundo plano, biometría, notificaciones push reales. Una PWA tiene acceso limitado a todo eso, y ese límite lo ponen los fabricantes de los sistemas operativos —especialmente Apple, que históricamente ha sido muy restrictivo con lo que puede hacer el navegador.
Si tu app necesita escanear documentos, conectarse a un dispositivo externo, o registrar ubicación mientras el usuario no tiene la pantalla encendida, una PWA simplemente no llega.
Rendimiento: importa más de lo que crees
Las apps nativas se ejecutan directamente sobre el sistema operativo. Las PWA corren dentro de un navegador. Esa capa adicional tiene un costo de rendimiento que en la mayoría de los casos es invisible —pero en algunos contextos, como juegos, procesamiento de imágenes o interfaces de alta frecuencia de interacción, se nota.
No es que las PWA sean lentas. Es que las nativas tienen una ventaja estructural que a veces importa.
La experiencia de usuario en iOS
En Android, las PWA tienen soporte razonablemente bueno. En iOS, la historia es más complicada. Apple ha ido mejorando el soporte, pero con limitaciones persistentes: notificaciones push que llegaron tarde y con restricciones, almacenamiento local limitado, y una experiencia de instalación que no es tan fluida como en Android.
Si tu audiencia usa mucho iPhone —y en muchos mercados latinoamericanos el porcentaje es significativo—, esto es algo que no puedes ignorar.
La distribución en tiendas tiene valor
Estar en el App Store o en Google Play no es solo logística. Es credibilidad. El usuario que descarga una app desde una tienda oficial tiene una percepción de confianza distinta a la de alguien que «instala una web». Además, las tiendas son canales de descubrimiento: la gente busca apps, lee reseñas, ve capturas de pantalla.
Ese canal no existe para las PWA.
¿Cuándo sí tiene sentido una PWA?
Para ser justo: hay casos donde una PWA es la decisión correcta. Contenido principalmente informativo, herramientas simples de consulta, proyectos con presupuesto muy limitado donde la cobertura es más importante que la profundidad de las funciones, o como versión complementaria a una app nativa para usuarios ocasionales.
La tecnología no es buena o mala en abstracto. Es adecuada o inadecuada para un contexto específico.
Lo que no resiste el argumento es que las PWA van a reemplazar a las apps nativas pronto. En 2025, con todos los avances que ha habido, eso sigue sin pasar. Y las razones son más estructurales que técnicas.